Paloma Laguens (33) es una cordobesa oriunda de barrio Don Bosco que vive en La Calera. Diplomada en Fotografía. Técnica del CONICET para la digitalización de colecciones antropológicas alojadas en la Reserva Patrimonial del Museo de Antropología de la UNC.

Por Victor Valente

En el perfil de insta de Paloma se lee que es fotógrafa, feminista, estudiante de comunicación y madre. Ingresó al mundo de la fotografía hace 12 años, trabajando en diferentes áreas y formándose en varios cursos y capacitaciones. Aparte de su Diplomatura en Fotografía Documental y su tecnicatura en el CONICET, no deja de hacer fotos por placer y en búsqueda de diferentes proyectos personales documentales sobre distintas temáticas que me interpelaban.

-¿Cómo encaja todo eso que haces en el ensamble de tu vida?

-De alguna manera es un ensamblado que se fue generando con el paso del tiempo pero que cada parte encaja perfectamente con la otra. Teniendo como guía, como primer lente para mirar el mundo al feminismo, es que fui construyendo todo lo demás. Siempre fui (y soy) una persona muy tímida y de pocas palabras, entonces en la fotografía encontré el medio para poder expresarme y visibilizar algunas de las muchas desigualdades y opresiones que genera el patriarcado sobre las mujeres, sobre todo sobre nuestros cuerpos. Cuando me di cuenta del poder que podía llegar a tener una imagen para comunicar algo es cuando me surgió la necesidad de comenzar a estudiar comunicación, sentía que me faltaban herramientas para elaborar algunos conceptos y mensajes de manera más clara, teniendo la idea de complementar la fotografía con la comunicación. También la maternidad ocupa un tiempo y espacio muy grande en mis días, pero sin dudas es parte de mi motor y también siempre de la mano de lucha feminista, intentando visibilizar que una maternidad feminista es posible y sumamente necesaria. Creo que la maternidad no puede estar relegada al ámbito privado sino que debe considerarse como un proyecto colectivo, maternar es político.

-¿Qué camino querés transitar en el munfo de la foto? ¿Qué buscas o intentas comunicar?

-Me gustaría seguir transitando el camino del feminismo, buscando generar imágenes que puedan visibilizar y poner en jaque esas estructuras históricas patriarcales que construyen los conceptos de mujer, de lo femenino, de la belleza, de la maternidad, de la familia, de lo establecido. La idea es generar imágenes nuevas que tengan la potencia de generar pensamientos nuevos, que empecemos a crear otras formas de mirarnos, de pensarnos. Imágenes que puedan generar ruido pero también alivio y empatía, gritando lo injusto que es el sistema desde una mirada amorosa y constructiva.

Muestra

-¿Cuál es el sentido conceptual, estético y artístico de tu muestra “Miradas con Amor”?

-Es un proyecto que surgió en el segundo año de la pandemia (2021) a raíz de una idea con una amiga de simplemente hacer unas fotos sin tantas poses que busquen estar cerca de los modelos hegemónicos de cuerpos, sino poder generar imágenes relajadas, cómodas, que no fueran pretenciosas, que transmitieran comodidad y simpleza desde una mirada amorosa y cuidada pero que también pusieran en juego ciertas cosas y cuestionen algunos aspectos de la realidad. Cuando la primera foto circuló en redes tuvo una repercusión muy grande y automáticamente se generó una gran demanda de empezar a ver más fotos que se parecieran a una, y no modelos inalcanzables e irreales de cuerpos. Me empezaron a llegar mensajes de agradecimiento de personas que no conocía, también amigas y conocidas que empezaron a poner el cuerpo en todos los sentidos para formar parte del proyecto, y de repente había retratado a más de 14 mujeres en sus hogares y eso hacía que las personas se sintieran representadas. Siempre digo que este proyecto es de todes, porque nunca se hubiera llevado adelante sin cada devolución. Este año pude lograr uno de los sueños que siempre tuve como fotógrafa que era tener mi propia muestra de fotos, pero además con una perspectiva feminista. En la muestra intentamos junto con el equipo del Museo Ricardo Pedroni de La Calera y con la ayuda siempre de mi madre (Mirta Bonnin), gran museóloga, de poder montar algo donde el público pudiera participar, dejar su opinión y sobretodo pensarse. En la sala, además de las fotos, tenemos un espejo en donde las personas pueden mirarse con amor, pueden decirse algo lindo y compartirlo.

-¿Se la puede seguir viendo?

-Sí. Estará durante el mes de agosto de lunes a viernes de 9 a 13 y de 15 a 20 horas, con posibilidades que también abra los sábados.

En La Calera

-¿Cómo te llevas con tu profesión en la ciudad donde vivis?

-Si bien la mayor parte de mi profesión la llevo a cabo en Córdoba capital, la ciudad donde vivo actualmente fue la primera que estuvo dispuesta a llevar mis fotos a una muestra, le dio un espacio muy importante y fundamental para hacer crecer el proyecto, así que sin dudas nos llevamos muy bien. Desde un primer momento el Museo Pedroni y todo su personal me abrieron las puertas y apoyaron la idea de sacar las fotos del mundo virtual y exponerlas en el mundo «real» desafiando las posibles ideas conservadoras que se encontraran en el camino que nos pudieran cuestionar la muestra pero también apostando a abrir el debate y las miradas, lo que fue logrado con éxito ya que todas las opiniones sobre la exhibición fueron sumamente positivas, constructivas y de agradecimiento.