11 años de las inundaciones en las Sierras Chicas, Unquillo volvió a realizar una actividad de memoria activa para evocar la tragedia donde murieron ocho personas y cientos de familias sufrieron pérdidas irrecuperables.
Por Silvia Romero
El lugar de encuentro fue la emblemática Plaza Além, que por segundo año consecutivo convocó al vecindario de la comunidad sierrachiquense, no solo para recordar lo vivido, sino también para “disfrutar, reflexionar y fortalecerse a través de la organización comunitaria y planificar cómo queremos vivir”. Así se expresaban los presentadores y se daba inicio al evento que reunió a buena parte Unquillo y localidades de alrededor. En el escenario acompañaron las murgas Maní con Cáscara y La Frutilla de la Torta, Rescoldo, Esquejes, La Fragua y el cierre a cargo de Lucre Ortiz.
Entre stands y flyers de los presentes se podían visualizar a la Brigada Forestal Comunitaria Chiviquín, quienes a través de una intervención representaron cómo el barro se introdujo en cada una de las casas de los damnificados, junto con fotografías de la inundación. Representantes de Tica Hen de Río Ceballos, AMU (Asamblea del Monte de Unquillo), Casita Verde, Casa 29, Voces de la Extinción, Biblioteca Tere Andruetto, Tica hen, Proyecto Hormiga, La Minerita, Colectivo por la Memoria Unquillo, entre otros, fueron quienes a través del colectivo “Trama 15F” organizaron el encuentro bajo la consigna “Mantener viva la memoria, exigir políticas reales y reafirmar la potencia de la comunidad cuando se une para cuidar el territorio”.
En diálogo con la AMU, explicaron cuál es la mirada de la comunidad frente a los nuevos proyectos urbanísticos, a 11 años del 15F: “Lo que nosotros encontramos cuando hacemos actividades y vamos convocando y hablando con la gente, es que la consciencia sobre la relación desmonte y lluvia está bastante arraigada. Se entiende que no se tiene que desmontar, pero de ahí a tomar una acción, lo que se percibe es resignación e impotencia. Por eso el objetivo de encontrarnos acá, es darnos fuerza y mostrar la potencia de la comunidad cuando se organiza”.
A partir de los encuentros de planificación territorial comunitaria que se han llevado a cabo a través de Trama 15F, se consultó sobre las fortalezas de una comunidad organizada –y en efecto informada– sobre los avances o retrocesos del territorio. “Algo muy grande fue sostener la articulación entre organizaciones de distinto tipo, fue trascender el ambientalismo, los grupos culturales, la gente que está más preocupada por la justicia y la desigualdad social”. Además, expresaron que “el mayor aprendizaje fue comprender que el modo en el que se habita el territorio no compete a un área específica, sino que es una cuestión colectiva, conjunta y necesita de las distintas miradas y saberes”.
¿Y la regulación real?
Desde aquella fatídica inundación han pasado muchos gobiernos nacionales, provinciales e intendencias, y la Ley de Bosques Nativos 26.331, la cual regula la protección, restauración y aprovechamiento sostenible de los bosques nativos, no ha sido modificada, ni mucho menos se ha hecho público el mapa donde se pueden visualizar las zonas rojas que no se pueden urbanizar. En esta misma línea señalaron que “la Provincia sigue autorizando proyectos en zonas rojas, se pinta de verde con un montón de propuestas, se saca fotos con el ordenamiento territorial y con otros proyectos verdes, pero sin embargo seguimos sin tener una efectiva protección de los bosques nativos. La zona roja sigue a disposición de quien la vaya a tramitar y lo que la Provincia decida”.
Encauzar es la cuestión
Entre música, niños jugando y vecinos encontrándose en cada mirada, en cada recuerdo, consultamos por qué este año el lema fue “La comunidad se encauza”, y respondieron: “Lo que sentíamos era mucha angustia, mucha impotencia con muchos frentes; la amenaza de la Ley de Glaciares, el RIGI, el avance inmobiliario, y dijimos: la memoria del 15F lo que hace es unirnos y encauzarnos, llevarnos con un cauce que tenga fuerza”.
Para cerrar, deslizaron que uno de los objetivos es “recuperar esa vitalidad que se tuvo cuando el barro arrasó con todo y sin embargo los vecinos salieron adelante, colaborando y reconociéndose como parte de una comunidad. Hoy el discurso es salvarse solo, cada quien se arregla como puede, lo mejor es que cada uno es que se ocupe de sí mismo. Y lo que se quiere reivindicar es que la fuerza está en ayudarnos y sostenernos mutuamente en la red que podemos tramar”.





Deja una respuesta