Por Eric Espíndola 

La iniciativa emprendida por la agrupación Tagua se consolidó en el primer encuentro de vecinos en la que se realizó la muestra fotográfica “Marca(s) de agua”. Transformar la tristeza en alegría, un objetivo difícil pero posible.

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Rosa Cativa de la asamblea de autoconvocados y Pablo Togneatto, director del LEP del Ministerio de Agua conversando con los vecinos.

El día que se cumplieron diez meses del 15 de febrero, un grupo de ciudadanos se congregó en el Parque Integrador del acceso sur a Unquillo en marco del Primer Encuentro de Vecinos “Marca(s) de agua” para pasar el rato con aquellos con quienes comparten el sentimiento de haber padecido las inundaciones y con todo aquel que quisiera acercarse a disfrutar de la muestra de fotos que se expuso y la música que acompañó el encuentro.

Es que con todo lo que el agua con barro les dejó, ellos decidieron hacer algo positivo, salir adelante y aprender de la experiencia. “Me parece que cada uno afronta estas situaciones con las herramientas que tiene. Como a la segunda semana de la inundación nos dimos cuenta que la íbamos a afrontar con nuestras ‘deformaciones’ profesionales y personales”, afirmó Valeria Prato, miembro de Tagua, organización emprendedora de la iniciativa. En esa línea destacó: “siempre hemos trabajado en y desde lo comunitario., entonces, el modo de transitar esta situación supimos que iba a ser desde ahí”.

Prato relató que en un primer momento y en medio del aturdimiento de los primeros días pasada la inundación, todo estaba abocado a satisfacer las necesidades básicas del momento. “La impronta de la supervivencia en lo comunitario fue desde el principio. Luego fuimos queriendo buscarle una vuelta a cómo iba a ser el ‘después de’, porque siempre decimos que no es que nos pasó la inundación, sino la inundación y el después que vino lleno de marcas y huellas”, remarcó María Emilia Ruiz, otra integrante de Tagua.

Fue en ese punto donde surgió el cuestionamiento de cómo poder expresar todos esos sentimientos que estaban atravesando los vecinos. “Ahí aparece otra herramienta propia de nuestro laburo que es el trabajo en lo cultural, lo subjetivo, lo simbólico, algo que ya veníamos trabajando. Dijimos: Quizás lo que podamos aportar tenga que ver con esto”, expresó Ruiz. En ese sentido, Prato resaltó que “cuando uno pudo empezar a mirar a los otros nos empezó a parecer que de repente no había pasado nada. Mucha gente pintó y ordenó y parecía que no había pasado nada”.

De esto surgieron los principales cuestionamientos que se transformaron en líneas conductoras del trabajo que realizaron. “Empezamos a jugar con esto de lo que se ve y que no se ve, que es la marca de agua, lo ambivalente, que estaba bueno que no se viera porque uno no quiere ser un inundado para toda la vida pero mientras las soluciones estatales no llegaban como para asegurarnos que no iba a volver a suceder, uno sentía que no se podía dejar de mostrar esa marca porque si no rozábamos la negación”, comentó Valeria.

“La idea fuerte es de transformar la tristeza en alegría. El agua nos hizo algo y nosotros hacer algo con esto, es lo que nos permite seguir viviendo, es parte del vivir bien. No pudimos evitar inundarnos pero podemos ver qué hacemos con eso”. 

Un proceso en conjunto

La iniciativa se trató de asistir a diversas casas, marcar el nivel que alcanzó el agua con un aerosol y un esténcil y compartir un momento con los vecinos en el cual ellos cuenten su experiencia, “encontrarse con las imágenes y palabras, lo que ellos cuentan”, en palabras de Prato. Después se realizó una reunión con los vecinos que participaron para que se decidieran que imágenes y palabras iban a componer la muestra armada en conjunto.

“Todos decidieron que querían que hubiese torta, música, mate, decoración, que fuera en un espacio público, que nosotros invitáramos al encuentro”, resaltó Prato. “Nosotros no convidamos una cosa para que la gente piense tal cosa o concluya tal cuestión, sino para abrir. Eso va disparando múltiples sentidos y en este caso, ayudaba que la situación de los vecinos era bien distinta”, expresó Ruiz y agregó que “lo que pasó con la marca es que nos empezó a habilitar todo eso y cada vecino tuvo esto múltiple, variado, diverso pero a la vez había un hilván común que era esto que está escrito en algunas frases de los vecinos: No tenemos espacios para decir cómo estamos, un lugar para contar que estoy angustiado, sentirme frágil. Nos sentíamos frágiles pero teníamos que estar fuertes, a la vez organizarse, defender lo propio”, destacó Ruiz poniendo en palabras esos sentimientos encontrados que compartieron los vecinos.

Las organizadoras concluyeron en que se encontraban contentas con la labor realizada. “La idea fuerte es de transformar la tristeza en alegría. El agua nos hizo algo y nosotros hacer algo con esto, es lo que nos permite seguir viviendo, es parte del vivir bien. No pudimos evitar inundarnos pero podemos ver qué hacemos con eso”, reflexionaron.

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Agradecimientos

Ruiz y Prato remarcaron que el apoyo de dos instituciones fue fundamental para poder consolidar esta iniciativa y agradecieron tanto a ADIUC (Gremio de Docentes Universitarios de Córdoba) que hizo aportes para la realizar la muestra física y material y también al Colegio de Psicólogos. El trabajo fotográfico fue realizado por otros dos miembros de Tagua, Araceli Villafañe y Marina Argañaráz.

También aprovecharon la oportunidad para invitar a todo aquel que quiera sumarse a la iniciativa, ya sean vecinos o profesionales.

Contacto: Tagua. Organización cultural comunitaria