Por Pablo Cáceres/

La producción de alimentos a nivel mundial se ha tecnificado e industrializado tanto, que el alimento en sí mismo ha perdido su valor como tal, transformándose en una mercancía cuya única valía es la económica. La manipulación genética de semillas y animales, el agregado de productos químicos para acelerar procesos naturales o la fumigación para combatir plagas, han transformado algo tan humano y básico como la ingesta de  alimentos, en una acción rutinaria donde el cuerpo recibe cada vez menos nutrientes, y cada vez más ingredientes artificiales.

Consumo Consciente Serrano: una opción para volver a una alimentación sana.

Consumo Consciente Serrano: una opción para volver a una alimentación sana.

Probablemente mucha gente nunca hayan escuchado hablar de harina de algarroba, azúcar integral, avena arrollada, mijo pelado, dulce de cayote, amaranto, quinoa, y sigue la lista. Son alimentos que no forman parte del menú habitual de gran parte de la población, pero que desde la red Consumo Consciente Serrano intentan difundir para que sean incorporados a la alimentación básica de la familia. Alejandra, Daniel, Stella y Nehemías son quienes llevan adelante desde hace poco más de un año esta iniciativa.

Cuenta Alejandra que la idea surge a raíz de que “ya existe un grupo que funciona hace muchos años, pero donde se hacen dos compras al año nada más. Eso implica abastecerse de mucha cantidad para llegar hasta la próxima compra, y además hay que disponer de un monto de dinero importante”. La intención de esta nueva red es entregar pedidos cada dos meses, reduciendo así las cantidades y el monto que tiene que desembolsar el consumidor.

“Primero empezamos comprando estos alimentos para consumirlos nosotros, -relata Alejandra- y ahí surgió esta idea, pensando también en nuestra economía. Nosotros no tenemos dinero como para comprar alimentos para seis meses. Fue en parte una necesidad personal pero también sabíamos que había muchas familias que querían comprar y no podían tanta cantidad”.

-¿Qué significa consumir de forma consciente?

– Alejandra: Lo planteamos desde la idea de que el alimento está cada vez más intervenido y cada vez tiene menos alimento. Tratar de alimentarse con productos que uno sabe que están cuidados. Los productores con los que nosotros trabajamos lo cuidan amorosamente, desde el principio, desde la tierra, la semilla, hasta la cosecha y el transporte.Y todo eso hace después al valor nutricional. En un contexto más amplio, también podría aplicarse a ser consciente de que le estamos sacando algo a la tierra, y que en ese proceso hagamos el menor daño posible.

Alimentos agroecológicos

La lista tiene alrededor de 150 productos (cantidad que puede variar dependiendo de la cosecha y disponibilidad), que ellos han elegido especialmente. Desde un primer momento entablan una relación con los productores, viajan a conocerlos para ver como trabajan y aprenden de ellos. Algunos de los productos son orgánicos, pero la mayoría se denominan ‘agroecológicos’. Alejandra explica que la diferencia radica en la certificación: “Hay una entidad que se encarga de certificar que un alimento es orgánico. Para ello tiene que haber sido producido en instalaciones especialmente preparadas, sin emplear agroquímicos ni manipulación genética”. Esa certificación tiene un costo que muchos de los pequeños y medianos productores no pueden afrontar, y entonces no pueden llevar la leyenda “orgánico” en sus etiquetas. “Por eso -continúa Alejandra-  se usa el término ‘agroecológico’, porque no tiene que tener una certificación otorgada por una entidad”.

Los miembros de Consumo Consiciente Serrano aseguran que visitan a los productores para conocer el proceso de producción, y si ven que en algún momento se corta el proceso natural, es producto se descarta.”Ese es el criterio que tenemos -concluyen- para elegir qué ponemos a disposición de la gente y también de nuestra familia, porque nosotros también comemos eso”. La red trabaja con 30 productores de diferentes lugares como Misiones, Santa Fe, Mendoza, Buenos Aires y Córdoba. Incluso muchos de ellos son vecinos de las Sierras Chicas.

Para Daniel, el emprendimiento no solo propone una alimentación sana, sino que también pretende generar una economía más justa. Afirma que lo que buscan es “que los costos sean los mínimos, que no haya tantos intermediarios”, y si hay algún aumento en medio de una compra, tratan de absorverlo y no trasladarlo a los precios.

También expresa que apuntan “a una economía social y más equilibrada”. El hecho de trabajar con productores particulares, muchos de ellos agrupados en cooperativas, o incluso empresas familiares, activa las pequeñas economías regionales generando un movimiento económico alternativo a la producción de alimentos industrializada.

 

“Este es el maíz morado que antiguamente sembraban mis abuelitos, desde antes de la conquista. Ahora ya se viene la otra conquista: el transgénico. Desaparecer lo criollo para que reine el maíz ‘hecho'”. (Campesino mexicano – Documental “El mundo según Monsanto”.)

 

 

Hábitos alimenticios

“Tenemos que aprender que el alimento es también medicina”, dice Daniel. Y lo resume en una frase: “Si comés mal, vas a estar mal”. La ingesta permanente de alimentos modificados, con conservantes, colorantes y saborizantes de toda índole, es una de las causas de numerosos problemas de salud. En ese sentido es que los alimentos agroecológicos no solo tienen un valor alimenticio sino también medicinal.

Otro concepto fundamental que subyace estas iniciativas es el de “soberanía alimentaria”. Alejandra explica que se refiere “a que todos podamos decidir qué queremos comer, y elegir lo mejor”. El actual modelo ‘supermercadista’ condiciona a los habitantes a consumir solo los productos industrializados que ellos ofrecen, y que poco tienen de alimento realmente. Como una tendencia en crecimiento, están surgiendo modelos alternativos basados en una verdadera soberanía alimentaria: propuestas como la de Consumo Consciente Serrano es una de ellas. Otra que viene creciendo es la producción hogareña en huertas, ya sea en un espacio en el patio de las casas o en macetas de los balcones de departamentos.

Daniel afirma que “las  semillas que se consiguen hoy en día para armar una huerta en casa, son todavía una forma de alimentarse sanamente. Esa semilla se puede resembrar. Se han perdido muchas variedades de vegetales pero se puede hacer y eso sí es agroecológico.” Alejandra, que tiene su propia huerta en su casa, lo confirma: “No hay nada más lindo que meter las manos en la tierra”.

En parte gracias a estas iniciativas, ya sea en emprendimientos colectivos o en acciones individuales hogareñas, se están recuperando alimentos como la quinoa, la chia, la algarroba, el amaranto, cultivos ancestrales que practicamente desaparecieron o se dejaron de usar..

El dilema de los precios 

Uno de las cuestiones que hace que el consumo de estos productos no se expanda con fuerza aún, es que los precios se ubican entre un 10 y 15 por ciento por encima de sus equivalentes en el supermercado.

Sobre este tema Daniel confiesa que durante muchos años “estuve enojado con esto por los precios. A mí me enojaba mucho que, por ejemplo, en ese momento un kilo de azúcar integral costaba $10 y en el supermercado estaba a $0,80 centavos”. “Era algo para una elite” pensaba en aquél momento, y con cierta razón ya que con ese precio muy pocos podían comprarla. Pero concluye que “después de mucho tiempo, me di cuenta de que no son comparables un kilo de azúcar de Ledesma con un kilo de azúcar de la Red Cañera de Misiones”. El ‘azúcar blanco refinado’, según reza en el packaging de la conocida marca, no tiene nada de alimento sino que es casi un residuo de la industria de la caña de azúcar, totalmente nociva para la salud.

“Así -asegura Daniel- termina siendo más económico el azúcar integral: primero porque se usa menos cantidad, y después porque no tenés que gastar dinero en Sertal, Buscapina, Ranitidina, nada de eso. No tienen punto de comparación”.

Una red en crecimiento

Desde que comenzó a funcionar hace un año y dos meses, la red Consumo Consciente Serrano ha ido creciendo, “de a poco -aclara Alejandra- pero va creciendo”. Cada vez más personas se suman a este nuevo estilo de vida, que no es solo mejorar la alimentación sino también formar lazos entre personas desde lo humano, mucho más allá de lo comercial. “Todo lo hacemos pensando en la gente, desde los dos lados: de los consumidores y los productores”, reflexiona Alejandra al final. Cree que poniéndose en el lugar de ambos “hacemos que esto se retroalimente: el productor existe gracias a que los consumidores le compran, y nosotros somos el nexo entre ambos”.

Daniel, por su parte, aclara que “no somos fudamentalistas, tratamos de alimentarnos mejor y eso trae un montón de beneficios, pero la resistencia está planteada. No queremos ese alimento, nuestros cuerpos ya no lo toleran. Creo que la lucha está en educarnos como sociedad, y educar a nuestros hijos”.

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Todos los caminos conducen a Monsanto

Hablar de la producción de alimentos hoy en día es imposible sin que se cuele en algún momento de la conversación el nombre de Monsanto. Este gigante multinacional es cuestionado en todo el mundo, no solo por la fabricación y venta de agroquímicos altamente tóxicos, sino también por la manipulación genética de las semillas.

Daniel, quien estudió en una escuela agrotécnica en Almafuerte y trabajó en el campo, cuenta que “ya por el año 85 nos hablaban de la clonación, pero las corporaciones no lo veían como un negocio. Hoy las semillas están patentadas y hay que comprárselas a los dueños. Corporaciones como Monsanto lo que hacen, básicamente, es patentar los alimentos”. “Vos plantás maíz y lo cosechás -explica Daniel-. Y si volvés a plantar esas semillas no vas a obtener maíz nuevamente; no hace un nuevo ciclo la planta porque está cortada la cadena mediante la manipulación genética. De esa forma vos dependés de ellos porque tenés que volver a comprarle no solo las semillas sino los químicos que tenés que ponerle para cumpla su ciclo”.

“A diferencia de eso -agrega Alejandra-, las semillas y cereales que tenemos en nuestra lista, todos sirven para germinar, para hacer planta, para cosechar y volver a sacar semillas. Como se hacía antes, y que es una costumbre que se perdió. Eso también es genética pero es un genetica ‘sana’, como se hizo siempre, desde hace milenios”.

En el documental “El mundo según Monsanto”, que se puede ver en el sitio de YouTube, se muestran claramente las maniobras que esta empresa realiza de manera impune para controlar la producción mundial de alimentos.

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